Capítulo 265: Cenizas del Alma
El estallido de llamas blancas no quemó la piel de Astraea, pero sí su voluntad. El dolor en su nuca, donde la marca de Valerius parecía fundirse con el hueso, la arrastró a una oscuridad densa, poblada por los susurros de los que murieron en la frontera. Sentía que el suelo de hierro la devoraba, hundiéndola en un sacrificio que no había elegido.
—¡Astraea!
El grito de Valerius perforó la neblina. Antes de que la tierra se cerrara sobre ella, unos brazos rudos y