Capítulo 202: El Filo del Consorte
El mar de hilos de plata que recibía a Astraea en el fondo del abismo no era una superficie estática; era una red viviente de nervios metálicos que vibraban ante su presencia. Cuando los hilos se enroscaron en sus muñecas y tobillos, la sensación no fue la de un amarre común, sino la de una intrusión eléctrica que buscaba dialogar con su médula espinal. Astraea, suspendida sobre ese tapiz de traición, sintió cómo el aroma a sándalo de Mikhail era devorado por