Capítulo 195: El Aliento del Sol Negro
La mano colosal que emergió del vacío no solo sujetó a Astraea por la cintura; la reclamó con una autoridad que hizo que sus costillas crujieran bajo una presión de hielo y hierro. Al ser arrastrada hacia la oscuridad que palpitaba bajo la espada del centinela, Astraea sintió que la luz dorada del guerrero de hueso se alejaba, dejando en su piel una sensación de orfandad térmica. El aroma a incienso sagrado fue devorado por una fragancia nueva y densa: el