Capítulo 185: La Biblioteca de los Olvidados
La caída no fue un impacto, sino una transición líquida hacia el silencio. Astraea sintió que el suelo de pétalos de jazmín cedía bajo sus pies, tragándose la luz del pasillo hasta que solo quedó el resplandor violeta que emanaba de su propio vientre. Al abrir los ojos, se encontró en una estancia circular de dimensiones imposibles. Las paredes, talladas en obsidiana pura, sostenían estanterías que no albergaban libros, sino tarros de cristal que con