Capítulo 161: El Parásito del Destino
El aplauso rítmico que brotaba de los fragmentos de cristal en el suelo cortó el aire como el siseo de una serpiente. Astraea, con la respiración entrecortada y la sensación de vacío en su médula tras haber entregado su luz, bajó la mirada hacia su propio vientre. El horror fue una descarga de hielo: la mancha de ébano, esa marca que creía haber purificado en el Río de las Miradas, palpitaba de nuevo bajo la seda de su túnica. Pero esta vez no era una manch