Capítulo 145: El Trono de los Cuervos
El Reino de la Noche no era solo un lugar físico; era una exhalación de la mente de su abuelo. Astraea permanecía de pie en la orilla del lago negro, sintiendo cómo el frío de la ceniza bajo sus pies intentaba trepar por sus tobillos. El aire allí era distinto: sabía a metal antiguo y a una melancolía que se pegaba a la garganta. La neblina violeta palpitaba con un ritmo lascivo, expandiéndose y contrayéndose como un pulmón gigante.
Frente a ella, la escena