Capítulo 146: La Daga del Corazón Eterno
Astraea sostenía el vial de cristal con una fuerza que amenazaba con quebrarlo. El líquido en su interior, esa sangre de bruja virgen que brillaba con una luz propia del amanecer, era la única nota de color en el gris ceniciento del Reino de la Noche. Al otro lado de la orilla, el Rey Vampiro, habitando el cuerpo de Valerius con una arrogancia que insultaba a la creación, extendía su mano hacia el adolescente.
El joven, ese hijo que Astraea no terminaba