Capítulo 142: El Despertar de la Sed
La cámara subterránea se convirtió en una trampa de amatista y deseo. Astraea estaba allí, despojada de la armadura que antes la asfixiaba, pero ahora enfrentando una prisión mucho más peligrosa: el instinto puro. La piel de sus hombros, aún marcada por los bordes afilados del metal orgánico que se había desprendido, emitía un vapor cálido que llenaba el espacio con el aroma de su sangre de vampira. Era una fragancia dulce, espesa, cargada con la potencia de