Capítulo 141: El Abismo de la Bestia
El suelo del Manantial cedió con un gemido de piedra molida. Astraea sintió la gravedad reclamar su cuerpo, pero no fue una caída libre; el metal orgánico que la envolvía se expandió, creando filamentos que se anclaban a las paredes del pozo mientras descendía hacia las entrañas de la Ciudadela. Arriba, la silueta de Valerius se desdibujaba entre el humo y el resplandor de las espinas de cristal. El adolescente, su hijo y captor, la observaba desde el borde