El aliento se le escapó a Astraea en un suspiro quebrado mientras sus dedos se aferraban a las muñecas de Valerius. El rostro que emergía de la grieta, pálido y envuelto en jirones de una oscuridad líquida, era una parodia de los retratos que ella había guardado en su memoria. Vaelen, su padre, el príncipe lobo que había desafiado a un imperio por amor, la observaba ahora con ojos que no eran más que pozos de sombras infinitas. El susurro que salió de sus labios muertos, llamando a Valerius "ye