La tormenta "La Mortaja" no se detuvo. Al contrario, el viento se volvió un lamento constante que se filtraba por las rendijas de la torre alta, convirtiendo la habitación en una caja de resonancia. Astraea estaba sentada en el centro de la estancia, con las manos apoyadas en las rodillas. A pesar de que no había fuego y que la escarcha comenzaba a decorar las paredes, ella no sentía frío. Al contrario, sentía que su sangre corría a una velocidad que debería haberle causado fiebre.
La puerta de