El amanecer en Draconis no traía consigo el olor a pino y tierra húmeda del norte, sino un aroma metálico a piedra caliente y fragancias refinadas. Al cruzar la Séptima Puerta, el carruaje de Astraea fue rodeado por la Guardia de Élite del Rey, guerreros con armaduras de ébano que hacían que los soldados de la Luna Plateada parecieran niños jugando a la guerra.
Astraea observaba a través de las cortinas de seda. Las calles estaban abarrotadas. Los ciudadanos de la capital, lobos de linajes anti