Mundo ficciónIniciar sesiónSelene creció sabiendo que jamás sería suficiente. Omega sin rango, sin poder, sin nada que ofrecerle a una manada que solo respeta la fuerza. Cuando Killian, el Alfa destinado a liderar, la rechazó públicamente frente a todos —negando el vínculo de luna que los unía— su mundo se hizo pedazos. Años después, Selene ya no es aquella chica invisible. Ha forjado su propio poder, lejos de la manada que la humilló, y regresa convertida en alguien que Killian no reconoce. Killian, ahora Alfa consolidado, jamás pudo librarse del vínculo que rompió con sus propias manos. Y cuando Selene reaparece —fuerte, indiferente, imposible de ignorar—, entiende que el rechazo de aquella noche fue el error más grande de su vida. Ella no necesita su perdón. Él hará lo que sea para ganárselo de todos modos.
Leer másEl gran salón está lleno cuando convoco a los líderes de cada división de la manada: guerreros, beta, exploradores, incluso los sanadores que normalmente se mantienen al margen de estas reuniones. Selene está de pie a mi derecha, no sentada, como si necesitara la libertad de moverse en caso de que algo salga mal. Adara está presente también, en primera fila, con los brazos cruzados y una expresión que ya no es tan hostil como ayer, aunque todavía dista mucho de ser amistosa. —Todos ya han escuchado los rumores —empiezo, dejando que mi voz llene el salón con la autoridad que la situación exige—. Es momento de que escuchen la verdad completa. Explico lo que sabemos sobre Ophelia: su naturaleza, el trato que hizo con Selene, la forma en que se alimenta de vínculos rotos y de lo que ocurre cuando esos vínculos empiezan a sanar. El salón permanece en un silencio tenso mientras hablo, cada rostro reflejando una mezcla de temor y determinación. —¿Y si el vínculo entre ustedes es exactam
La habitación que Marcus me asigna está en el ala este del territorio, lo suficientemente lejos de la cabaña de Killian como para que nadie pueda acusarme de nada indebido, pero lo suficientemente cerca como para que sienta su presencia como un peso constante en el aire.Dejo mi bolso sobre la cama estrecha y recorro el espacio con la mirada: paredes de madera simple, una ventana que da al bosque, un armario vacío que nunca pensé que volvería a necesitar en este territorio. Todo huele a manada, a hogar, a algo que dejé de permitirme sentir hace cinco años.Un golpe suave en la puerta me saca de mis pensamientos.—¿Sí?La puerta se abre, y no es Killian ni Marcus quien aparece, sino una loba que no reconozco: cabello oscuro trenzado con precisión militar, ojos color avellana que me estudian con una hostilidad apenas disimulada tras una sonrisa cortés.—Tú debes ser Selene. —Su voz es suave, pero hay un filo debajo, algo calculado—. Soy Adara. Beta de guerreras.—Un placer.—Lo dudo. —A
Convencer a Selene de mudarse al territorio de la Luna Negra, aunque sea temporalmente, resulta ser más difícil que convencer al consejo de ancianos de aceptar cualquier decisión impopular que haya tomado en mis tres años como Alfa.—No voy a quedarme en tu territorio, Killian —dice por tercera vez, cruzada de brazos en el pequeño estacionamiento del motel—. No confío en tu manada. Y ellos tampoco confían en mí.—Confiarán en ti cuando entiendan lo que enfrentamos. —Doy un paso hacia ella, con cuidado, midiendo cada centímetro de distancia como quien camina sobre una cuerda floja—. Selene, si Ophelia viene a cobrar su deuda, necesitas la protección de una manada completa detrás de ti. No una habitación de motel con una cerradura que cualquier omega podría forzar con las uñas.Ella aprieta la mandíbula, y por un momento pienso que va a negarse de nuevo. Pero algo en su expresión cambia, una grieta diminuta en la determinación que ha mantenido desde que crucé la puerta de mi despacho ay
A la mañana siguiente, alguien golpea la puerta de mi habitación en el motel antes de que el sol termine de salir del todo.Me levanto con cautela, cada sentido alerta, el poder que Ophelia me dio años atrás listo para responder ante cualquier amenaza. Pero cuando abro la puerta, no encuentro ninguna amenaza.Encuentro a Killian.Está de pie en el umbral, con la misma ropa de ayer, ojeras marcadas bajo los ojos grises que claramente no durmieron nada anoche. Por un segundo, ninguno de los dos dice nada. El silencio se estira entre nosotros, cargado de cinco años de todo lo que no dijimos.—¿Cómo me encontraste? —pregunto finalmente, cruzándome de brazos.—Marcus tiene contactos en toda la región. No fue difícil. —Hace una pausa, como si las siguientes palabras le costaran un esfuerzo físico—. Necesito hablar contigo. Es importante.—Ya hablamos ayer. Fui bastante clara.—Esto no es sobre nosotros. —Su voz cambia, se vuelve más urgente—. Es sobre Ophelia.El nombre me golpea como un pu
Último capítulo