La habitación que Marcus me asigna está en el ala este del territorio, lo suficientemente lejos de la cabaña de Killian como para que nadie pueda acusarme de nada indebido, pero lo suficientemente cerca como para que sienta su presencia como un peso constante en el aire.
Dejo mi bolso sobre la cama estrecha y recorro el espacio con la mirada: paredes de madera simple, una ventana que da al bosque, un armario vacío que nunca pensé que volvería a necesitar en este territorio. Todo huele a manada,