Convencer a Selene de mudarse al territorio de la Luna Negra, aunque sea temporalmente, resulta ser más difícil que convencer al consejo de ancianos de aceptar cualquier decisión impopular que haya tomado en mis tres años como Alfa.
—No voy a quedarme en tu territorio, Killian —dice por tercera vez, cruzada de brazos en el pequeño estacionamiento del motel—. No confío en tu manada. Y ellos tampoco confían en mí.
—Confiarán en ti cuando entiendan lo que enfrentamos. —Doy un paso hacia ella, con