002. Serás mi concubina

El Alfa. La había mandado a llamar, finalmente había llegado el momento de tenerlo cara a cara.

Seguramente iba a rechazarla en ese instante antes de que se supiera en la manada que ella era su mate.

Su pecho se llenó de emociones que no pudo identificar por completo. Miedo, esperanza, confusión… todo al mismo tiempo.

Asintió sin confiar en su voz.

—Sí, Beta.

James giró sobre sus talones sin añadir nada más.

Nyxara lo siguió.

La mansión del Alfa estaba en la parte más alta del territorio.

Nyxara nunca había subido hasta allí, incluso entre los Omegas habían evaluaciones constantes para decidir quienes eran los más aptos para atender a sus líderes.

El camino de piedra ascendía entre árboles altos, cuyas copas filtraban la luz del sol. Cada paso que daba detrás del Beta James la alejaba más del mundo que conocía.

Su corazón no había dejado de latir con fuerza desde que salió del campo de celebraciones.

No había hecho preguntas, y lo cierto es que no creía tener derecho a hacerlas.

La mansión apareció ante ella tras una última curva. Era más grande de lo que había imaginado, con paredes de piedra clara y ventanales altos que reflejaban el cielo. No era ostentosa, pero imponía respeto. Era el hogar digno de un Alfa.

James abrió la puerta principal sin anunciarse.

El interior era silencioso.

El suelo de madera oscura estaba impecable, y el aire tenía un aroma suave, limpio, con un trasfondo a menta que hizo que el cuerpo de Nyxara reaccionara de inmediato.

Lo reconoció. Apretó los dedos con fuerza para mantener el control.

—Espera aquí —ordenó James.

Ella asintió, no podía hablar.

Se quedó de pie cerca de la entrada, consciente de cada detalle de su apariencia. Su ropa era sencilla. Sus manos aún conservaban pequeñas marcas del trabajo de esa mañana. Nunca se había sentido más fuera de lugar.

Entonces, otro aroma llegó.

Más amargo y ácido, dominante, como el limón sin madurar.

Nyxara levantó la vista de inmediato para divisar a una mujer descendía por la escalera principal. Era hermosa.

Su cabello rubio caía en ondas ordenadas sobre sus hombros, y su vestido claro se ajustaba con elegancia a su figura. Su mano descansaba sobre su vientre, seguro en un gesto inconsciente de protección.

La Luna Erica, con esos ojos azules glaciales que parecían tan afilados como las estalactitas.

Nyxara bajó la mirada de inmediato e inclinó la cabeza.

—Mi Luna —susurró con respeto.

El silencio que siguió fue pesado. La Luna no respondió de inmediato. Nyxara podía sentir su mirada sobre ella, recorriéndola sin disimulo.

—Levanta la cabeza —ordenó la Luna finalmente.

Nyxara obedeció.

Sus ojos se encontraron.

No había sorpresa en el rostro de la Luna, pero sí un profundo desprecio en sus orbes azules.

Su mirada descendió lentamente por el cuerpo de Nyxara, evaluándola como si fuera un objeto que no merecía estar allí.

—Así que eres tú —dijo.

No fue una pregunta, sino una afirmación. Nyxara no supo qué responder, sus manos comenzaron a sudar. ¿Qué debería responderle?

«Que somos las verdaderas mandamás aquí, nena» presumió su Loba. Eso la hizo respingar asustada. De todos los momentos en que Nerix estaba lúcida, tuvo que escoger ese.

—No imaginé que sería una Omega —continuó la Luna, su voz tranquila, perfectamente controlada—. Supongo que la Diosa tiene un sentido del humor peculiar.

Cada palabra fue precisa, daba en la llaga sin tener que usar palabras más fuertes.

Nyxara sintió cómo la vergüenza le subía por el pecho, pero no se movió.

La Luna dio un paso más cerca al ver que no respondía.

Su presencia era abrumadora, asfixiante. Era una Luna poderosa, tenía sangre Beta. Una Betara era casi tan inusual como las extintas Lunaras, que tienen sangre de Alfa.

—Debes estar confundida —añadió—. Este es mi hogar. Mi territorio. Mi familia.

Su mano se apoyó con más firmeza sobre su vientre, Nyxara siguió ese gesto sin querer.

—Mi hijo heredará todo esto.

El mensaje era claro: no había lugar para ella.

El sonido de pasos interrumpió el momento, era el Beta James de regreso en el momento justo.

—El Alfa la recibirá ahora.

La Luna no apartó la mirada de Nyxara.

—Por supuesto —respondió con suavidad.

Pero sus ojos no eran suaves.

James le indicó a Nyxara que lo siguiera, ella obedeció de inmediato, queriendo estar lo más lejos posible de esa mujer.

Podía sentir la mirada de la Luna en su espalda mientras se alejaba, como pequeñas hormigas trepando por su columna.

Finalmente, James se detuvo frente a una puerta, la cual abrió haciendo una reverencia final.

—Entra.

Nyxara cruzó el umbral.

Raphael estaba de pie junto a una de las ventanas.

La luz del exterior delineaba su figura, amplia, inquebrantable. No llevaba la ropa ceremonial del día anterior, sino prendas oscuras y sencillas que no disminuían en absoluto su presencia.

Él giró la cabeza cuando ella entró, sus ojos azul como el mar se posaron en ella, definitivamente eran más cálidos que los de su pareja.

El vínculo reaccionó de inmediato.

Nyxara sintió el impulso de acercarse, de cerrar la distancia, de pertenecerle... Pero se obligó a quedarse donde estaba, e inclinar la cabeza.

—Alfa.

El silencio se extendió mientras él la observaba.

No había calidez en su expresión, solo una neutra evaluación.

—Levanta la cabeza —ordenó.

Ella obedeció, la mirada del Alfa la recorrió sin prisa.

—Sabes por qué estás aquí —dijo él.

Nyxara dudó. ¿Debía ser atrevida o recatada?

«Atrevidamente recatada, grrrr», gruñó su Loba.

¡Pero qué le pasaba a esa!

—En realidad no, Alfa.

Se rehusaba a decir en voz alta la palabra "muerte". Ya sabía que iba a rechazarla, pero prefería fingir lo contrario por dignidad.

Él dio un paso hacia ella.

La diferencia de tamaño era más evidente de cerca.

—Eres mi mate.

Las palabras hicieron que su corazón se detuviera.

Él lo había dicho... no lo había negado ni lo había ignorado como imagino que haría.

La esperanza nació antes de que pudiera detenerla.

—Eso no cambiará mi posición —continuó él—. Mi Luna ya ha sido elegida. Mi heredero ya existe.

Cada palabra fue clara. Irrefutable.

La esperanza no desapareció por completo, pero ya no se sentía tan emocionada. Solo había un posible destino para ella...

—Aun así —añadió—, no permitiré que pertenezcas a nadie más.

Nyxara no respiró.

—Vivirás aquí.

Su mente intentó comprender, por un momento tuvo la esperanza de que...

—Serás mi concubina.

El mundo de Nyxara se redujo a esas palabras. No era una esposa, o una Luna.

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