003. Concubina embarazada

Suspiró mentalmente.

Bueno, al menos estaría a su lado... al menos no sería invisible.

No sería olvidada ni desechada. ¡Viviría!

Raphael no apartó la mirada.

—Tendrás un lugar en esta casa. Serás protegida. Nadie podrá tocarte sin mi permiso.

"Protegida". La palabra envolvió algo dentro de ella que llevaba años roto.

—Puedes rechazarlo —añadió él, aunque su tono no sugería que esperara esa respuesta.

Nyxara no dudó.

—Acepto.

La respuesta salió antes de que el miedo pudiera alcanzarla.

Por primera vez desde que el vínculo apareció, sentía que el destino no era solo una condena.

Raphael sostuvo su mirada un momento más. Asintió una vez, la decisión estaba tomada.

Nyxara ya no pertenecía al mundo que había dejado atrás.

Ahora pertenecía a él... Al Alfa Raphael Thorne.

───── ☪ ─────

La mansión no tardó en dejar claro que Nyxara no tenía un lugar real en ella.

Aunque el Alfa había ordenado que viviera allí, nadie la trataba como algo distinto a una Omega. El ama de llaves comenzó a asignarle tareas desde el primer día, como si su presencia no requiriera explicación.

Nyxara no protestó. Limpiaba los pasillos, cambiaba las sábanas, ayudaba en la cocina y transportaba bandejas cuando era necesario. Nadie le preguntó si estaba de acuerdo. Nadie parecía considerar que su posición fuera diferente a la de cualquier otro sirviente.

La diferencia estaba en lo que ahora tenía permitido: comía todos los días.

No sobras, sino comida real. Pan fresco, carne, fruta, sopas calientes. Y no tenía que sentirse culpable por quitarle esa ración a nadie.

Las semanas comenzaron a cambiarla.

La extrema delgadez que la había definido durante años desapareció gradualmente. Sus mejillas recuperaron suavidad, su piel perdió el tono apagado que había tenido durante tanto tiempo, y sus caderas se redondearon de forma natural. Sus movimientos también cambiaron. Ya no caminaba con el agotamiento constante que antes la acompañaba. Su cuerpo tenía energía.

Era la primera vez en su vida que no sobrevivía. Estaba viviendo.

Raphael comenzó a aparecer con más frecuencia en su camino. A veces no decía nada. Solo la observaba durante unos segundos antes de continuar su camino.

Nunca la llamaba por su título de concubina o la trataba como a una sirvienta... Pero tampoco la trataba como a una igual. Tenían pequeños momentos que denotaban la conexión que ambos tenían.

El Alfa había notado el cambio en Nyxara desde hacía tiempo. La debilidad que había percibido en ella el primer día había desaparecido. En su lugar había una mujer joven, sana, cuyo aroma se había vuelto más rico, más atractivo para cualquier lobo que pudiera percibirlo... pero más para él, ella era su mate.

Llegó el día en que su cuerpo comenzó a cambiar de una forma distinta.

Al principio fue el calor constante bajo su piel. Luego vino la inquietud, la dificultad para concentrarse, la necesidad inexplicable de moverse o de encontrar alivio que no sabía cómo conseguir.

Su loba estaba inquieta, ya casi no dormía.

Nyxara intentó seguir con su rutina, pero cada día se hacía más difícil. Su aroma comenzó a cambiar, volviéndose más intenso, más evidente.

Raphael lo percibió antes de verla.

La encontró en el pasillo del ala de servicio al anochecer. Nyxara se detuvo al verlo, sintiendo de inmediato cómo el vínculo respondía a su presencia con una fuerza que la desorientó.

Él se acercó sin prisa, su mirada recorrió su rostro, su cuello, su cuerpo.

—Tu celo ha comenzado —dijo finalmente.

Nyxara bajó la mirada, incapaz de negar lo evidente. No sabía qué hacer o qué estaba permitido. Raphael tomó su barbilla con firmeza suficiente para obligarla a mirarlo.

—Vendrás conmigo.

No fue una petición... era una orden que ella debía seguir, así que lo hizo. Fue detrás de él mientras era guiada hacia el bosque.

Justo cuando acababan de llegar a una cabaña, sintió sus muslos chorrear con sus jugos. Él Alfa olfateo el aire y se detuvo, sujetándola del brazo.

El aire húmedo le enfrió la piel cuando sus rodillas cedieron.

Nyxara sintió cada roce de la tela contra su cuerpo como si la piel estuviera demasiado expuesta. El calor en su vientre era constante, pulsante, obligándola a arquear la espalda sin darse cuenta.

Raphael se arrodilló frente a ella.

—Dime si te duele —dijo, voz baja, casi áspera.

Nyxara soltó una risa nerviosa que murió en su garganta.

—Todo me duele.

Él pasó los dedos por su mejilla, bajando lento hasta su cuello, sintiendo el pulso acelerado.

Cuando la besó, el mundo se contrajo. No fue delicado. Fue profundo y caótico, tanto que la mareo.

Nyxara se aferró a sus hombros sin saber si intentaba acercarlo o sostenerse a sí misma.

Cuando la penetró, el dolor la atravesó limpio, directo. Jadeó contra su cuello, apretando los dedos en su espalda.

Raphael se quedó quieto un segundo.

—Respira —murmuró, y empujó dentro de ella un poco más.

Nyxara asintió contra su piel, con lágrimas calientes mezclándose con el sudor frío en su sien.

Acababa de perder su virginidad...

Sus dedos le temblaron cuando la tocó. El calor dentro de su vientre reaccionó de inmediato, haciéndola jadear sin poder evitarlo.

—Ohhh —susurró ella cuando la penetró más profundo.

Raphael apoyó la frente contra su hombro, conteniendo el movimiento.

—Tranquila.

Cuando volvió a moverse, fue lento. Profundo. Obligándola a sentir cada centímetro, cada cambio dentro de su cuerpo.

Antes de darse cuenta, gemia el nombre de su mate mientras él se vaciaba dentro de ella. Estaba tan llena de su semilla, que no le sorprendería tener pronto buenas noticias.

───── ☪ ─────

La siguiente semana transcurrió sin que Nyxara e metiera en problemas

Nyxara comenzó a notar el cansancio, y su apetito iba en aumentó. Finalmente, una anciana Delta fue llamada.

Erica estuvo presente cuando la mujer colocó su mano sobre el vientre de Nyxara. El silencio en la habitación era denso, cargado de expectativas que nadie verbalizaba.

La sanadora sonrió con respeto y se inclinó levemente ante el Alfa.

—Hay vida dentro —confirmó—. Su concubina está embarazada, mi señor.

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