Mundo ficciónIniciar sesiónNyxara negó de inmediato.
—Yo no tengo nada que ver con eso, mi Alfa. James habló entonces. —Tú le serviste el desayuno esta mañana. El recuerdo regresó con claridad absoluta... el té que le pidió llevar en la mañana sello su destino. —No había nada extraño —dijo—. Lo preparé como siempre. Raphael la observó en silencio. La conexión entre ellos seguía allí, pero estaba enterrada bajo una desconfianza que nunca antes había sentido. —Enciérrenla —ordenó finalmente. Nyxara sintió la mano de James sujetando su brazo. —Raphael —susurró, sin pensar. Él no respondió, ni la defendió o la detuvo. Y en ese momento, Nyxara comprendió que estaba completamente sola... de nuevo. ───── ☪ ───── El sótano de la mansión era un lugar que Nyxara nunca había visto antes. El aire estaba cargado de una humedad enfermiza, y las paredes de piedra retenían el frío incluso durante el día. La plata rodeaba sus muñecas, fijándola a la silla con una firmeza que no dejaba espacio para el movimiento. La plata le quemaba, ardía como si tuviera las manos metidas en brasas calientes. El contacto constante drenaba su energía lentamente, como si su propio cuerpo estuviera siendo castigado por algo que no había hecho. Había intentado explicarlo. Había intentado hacerlo entender. ¿Por qué no le creía? Ella era su mate, su alma gemela. ¡Eran una pareja creada por la Diosa Selene! Pero nadie la había escuchado. Apoyó la cabeza contra la pared, respirando con cuidado para mantener la calma. Su mano tembló al moverse hacia su vientre, deteniéndose justo antes de tocarlo. Su cachorro seguía allí. Lo sentía, débil pero presente, aferrado a ella con la misma fuerza con la que ella se aferraba a él. —Resiste —susurró—. Mi pequeño cachorro, no me dejes tú también. No sabía si hablaba con él o consigo misma. La puerta se abrió horas después. La luz la obligó a cerrar los ojos por un momento. El Beta James entró, acompañado por la sanadora. Nyxara levantó la cabeza de inmediato. —No lo hice —dijo antes de que pudieran hablar—. Nunca la dañaría. La sanadora evitó su mirada. James se acercó y liberó las esposas, pero no soltó su brazo. —El Alfa ha ordenado que subas. Nyxara sintió el cambio en el aire incluso antes de salir del sótano. La mansión estaba llena. Miembros de la manada ocupaban el gran salón, reunidos en silencio, como si todos entendieran que estaban a punto de presenciar algo importante. Raphael estaba de pie frente a ellos. Erica se encontraba sentada cerca, sostenida por una de las asistentes. Su piel estaba pálida, y su mano descansaba sobre su vientre con un gesto protector. Nyxara intentó acercarse, pero James la mantuvo en su lugar. —Raphael —dijo, su voz apenas firme—. No fui yo. Te lo juro por mi hijo. Él no respondió de inmediato. —La sanadora explicará la situación —dijo finalmente. La mujer dio un paso al frente. —El veneno ha debilitado gravemente al heredero. Su vida está en riesgo. Un murmullo recorrió la sala. Nyxara negó con la cabeza. —Tiene que haber una forma de salvarlo. La sanadora continuó, su tono profesional, distante. —Existe un método para transferir energía vital de un cachorro a otro cuando comparten el mismo linaje. Nyxara sintió que el mundo se detenía, comprendió sus palabras de inmedio. Palideció tanto en segundos que parecía casi etérea. —No. La palabra salió de su boca sin que pudiera detenerla. La sanadora la miró entonces. —Tu cachorro puede salvarlo. Nyxara retrocedió. —No puedes pedir eso. Buscó a Raphael con la mirada, desesperada. —Es nuestro hijo. Él la observaba con una expresión que no logró descifrar. —Es el heredero de la manada —respondió—. Su vida vale más que el hijo de una concubina. Las palabras fueron suficientes. James la sostuvo cuando intentó alejarse. —Por favor —dijo Nyxara, su voz quebrándose—. No hagas esto. Raphael no apartó la mirada. —Hazlo —ordenó a la sanadora. Nyxara luchó, pero su cuerpo no tenía la fuerza suficiente. La plata había debilitado su resistencia, y el agotamiento acumulado la dejó vulnerable. La sanadora colocó su mano sobre su vientre, y Nyxara sintió el momento exacto en que algo comenzó a suceder dentro de ella. Una sensación de vacío que crecía segundo a segundo en el fondo de su estómago, fuego líquido corrió por sus venas, mientras sentía la vida de su cachorro menguar rápidamente. Su pequeño cachorro se extinguía como si fuera nada. Su respiración se volvió irregular. Lágrimas brotaron de sus ojos, aunque ya no tenía fuerzas para llorar. Quería morirse junto a su bebé. —Raphael… —susurró. Él no se movió. La conexión que había definido su existencia durante meses comenzó a desvanecerse. La presencia que había sentido cada día, cada noche, desaparecía lentamente, como si nunca hubiera estado allí. Las lágrimas cayeron sin que pudiera detenerlas. —Por favor… La sanadora retiró la mano finalmente. El silencio fue absoluto. —El heredero vivirá —anunció. ───── ☪ ───── Nyxara dejó de sentir a su hijo. Su cuerpo cedió, y James apenas logró sostenerla antes de que cayera al suelo. Raphael se acercó. Nyxara levantó la mirada, aferrándose a la última esperanza que le quedaba. Aquellos ojos rojos la miraron con una frialdad que no reconoció. —Naciste para servir, no para gobernar —dijo. Las palabras la atravesaron más profundamente que cualquier herida. —¿Por qué…? —susurró—. ¿Por qué decidiste mantenerme a tu lado…? Él no dudó. —Porque eras útil, y ya que tuviste tu utilidad... Yo, Raphael Thorne, Alfa de la Manada Evermist, te rechazo a ti Nyxara Moonveil. Nyxara sintió el rechazo en el mismo instante en que lo pronunció. El vínculo se rompió. El dolor fue absoluto. Su loba desapareció en el fondo de su mente, soportando la peor parte del dolor por ella. Ambas estaban sufriendo por el rechazo de su mate y la perdida de su cachorro. Su cuerpo colapsó sobre el suelo de piedra. —Sáquenla del territorio —ordenó Raphael. James dudó un instante. —Alfa… —Es una traidora. No hubo discusión después de eso. James la llevó fuera de la mansión, cruzando el territorio hasta el límite de la manada. La dejó sobre la tierra fría, su respiración apenas perceptible. El mundo se desvanecía rápidamente a su alrededor, no podía enfocar la vista ni sus pensamientos. Todo había dejado de importar para ella... Su bebé había sido sacrificado como si no valiera nada. No supo cuánto tiempo pasó hasta que escucho voces acercándose. —Nyxara —Era la voz de Emily. —¡Está viva! —exclamó Alyssa, aliviada. —Tenemos que moverla ahora —Frank las apuró. Sus manos la levantaron con cuidado. —No te duermas —dijo Emily, desesperada. Nyxara no tenía fuerzas para responder. Pero dentro de la oscuridad, una verdad permaneció intacta: le habían arrebatado todo lo que alguna vez le importo: su familia, su bebé y su hogar. Con las últimas fuerzas que le quedaban, le rogó a la Diosa Selena que no permitiese tal injusticia. Clamó por venganza, mientras su Loba lloraba destrozada en su interior por la perdida de su cachorro. «Por favor, dame una segunda oportunidad... ¡Déjame vivir!», suplicó.






