004. La Luna fue envenenada

La noticia se extendió rápidamente por la manada.

Un hijo del Alfa siempre era motivo de celebración, pero este tenía un significado especial.

Provenía del vínculo verdadero, bendecido por la Diosa.

Un hijo concebido durante el celo con la pareja destinada no era un acontecimiento menor, muchos lo veían como una señal de fortaleza para el futuro de Evermist, una prueba de que la Diosa respaldaba el liderazgo de Raphael.

Hubo celebración, felicitaciones y expectativas.

Y en una manada donde el poder dependía tanto de la percepción como de la fuerza, una inquietud bien colocada podía crecer hasta convertirse en amenaza.

Nyxara aún no lo sabía... Pero mientras la manada celebraba la llegada de un nuevo heredero, los cimientos bajo sus pies comenzaban a moverse.

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Mientras cortaba fruta sobre la mesa de preparación, una de las cocineras mayores la observó en silencio durante unos segundos.

—Estás más fuerte —comentó finalmente.

Nyxara levantó la mirada, sorprendida por el tono neutral de la mujer.

—Estoy bien, sí —respondió con suavidad.

La mujer asintió, como si eso confirmara algo que ya sabía.

—Es bueno. El heredero necesitará una madre que pueda mantenerse en pie.

Nyxara no supo qué responder a eso, pero su mano descendió instintivamente hacia su vientre. Aún no era visible bajo su ropa, pero ella podía sentirlo. Era una presencia constante, un ligero cosquilleo que la acompañaba en todo momento.

El resto del personal comenzó a llegar poco después, y la conversación terminó allí. Nyxara continuó trabajando, organizando bandejas y llevando utensilios a su lugar correspondiente.

—Nyxara.

Se giró al escuchar su nombre.

El ama de llaves estaba de pie en la entrada de la cocina, observándola con su expresión habitual, severa pero controlada.

—La Luna ha pedido que lleves su desayuno esta mañana.

Nyxara dejó lo que estaba haciendo de inmediato.

—Sí.

Preparó la bandeja con cuidado, revisando que todo estuviera en su lugar. El té aún humeaba cuando salió de la cocina y se dirigió al ala privada de la mansión. Sus pasos fueron silenciosos sobre el suelo pulido, pero su corazón latía con más fuerza de lo habitual.

Se detuvo frente a la puerta y tocó suavemente.

—Adelante —respondió la voz de Erica desde el interior.

Nyxara entró.

La Luna estaba sentada cerca de la ventana, con la espalda recta y las manos apoyadas sobre su regazo. La luz de la mañana iluminaba su perfil, resaltando la elegancia natural de sus facciones. Su vientre era visible ahora, el símbolo innegable del heredero que llevaba dentro.

Nyxara colocó la bandeja sobre la mesa.

—Su desayuno, mi Luna.

Erica no respondió de inmediato. Su mirada descendió brevemente hacia el vientre de Nyxara antes de regresar a su rostro.

—Puedes dejarlo ahí.

Nyxara asintió y dio un paso atrás, esperando cualquier otra instrucción.

—He oído que visitaste a tu familia la semana pasada —dijo Erica.

La pregunta la tomó por sorpresa.

—Sí, mi Luna.

Erica tomó la taza de té entre sus manos, pero no bebió.

—Puedes ir hoy también.

Nyxara parpadeó, sin estar segura de haber escuchado bien.

—¿Hoy?

—Sí. No tienes tareas urgentes.

Su tono era tranquilo, casi amable, pero Nyxara no pudo evitar sentir cierta incomodidad.

—Gracias, mi Luna.

Erica la observó durante un momento más.

—Disfruta el tiempo con ellos.

Nyxara inclinó la cabeza y salió de la habitación, sin comprender del todo el motivo de ese gesto.

El camino hacia la casa de su familia se sintió distinto ese día.

El aire era fresco, y el territorio le resultaba familiar de una forma que no había experimentado desde que se mudó a la mansión.

Cuando llegó, Emily abrió la puerta casi de inmediato, como si hubiera estado esperando su llegada.

—Nyxara.

Su voz estaba llena de alivio. La abrazó con cuidado, como si temiera lastimarla.

—Estás caliente —murmuró, preocupada.

—Estoy bien —respondió Nyxara, sonriendo.

Alyssa apareció detrás de Emily, seguida por Alex.

—Déjame verla —dijo Alyssa, acercándose.

Colocó una mano sobre su brazo, dejando que su energía fluyera brevemente. Nyxara sintió el efecto de inmediato, una calma suave que recorrió su cuerpo.

—Está estable —confirmó Alyssa, relajándose.

Alex cruzó los brazos.

—Eso es lo importante.

Frank observaba desde su lugar habitual.

—¿El Alfa sabe que estás aquí? —preguntó.

Nyxara dudó antes de responder.

—La Luna me dio permiso.

Frank asintió lentamente.

Pasaron el día juntos, hablando de cosas simples. Emily insistió en que se sentara mientras ella preparaba comida, y Alyssa no dejó de observarla como si buscara cualquier señal de debilidad.

Por unas horas, Nyxara se permitió olvidar la tensión de la mansión.

Cuando el sol comenzó a descender, supo que debía regresar.

—Ten cuidado —dijo Emily antes de que se fuera.

Nyxara asintió.

—Siempre lo tengo.

El regreso fue tranquilo.

Pero en cuanto cruzó las puertas de la mansión, supo que algo no estaba bien. Había un silencio sepulcral que le daba mala espina.

El Beta James apareció frente a ella.

—Nyxara. —Su voz era firme—. Ven conmigo.

La inquietud se instaló en su pecho.

—¿Ha ocurrido algo?

James no respondió.

La llevó por los pasillos hasta el ala privada. El olor a hierbas medicinales llenaba el aire.

Cuando entró en la habitación, vio a Erica recostada sobre la cama, con el rostro pálido y la respiración débil.

Raphael estaba a su lado.

Sus ojos se fijaron en ella de inmediato.

—¿Qué hiciste? —preguntó. La pregunta la dejó sin palabras.

—No entiendo.

—La Luna ha sido envenenada.

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