Cuando abrí los ojos, el techo de la tienda parecía estar kilómetros de distancia.
Intenté incorporarme.
No pude.
Un peso inmenso me anclaba al colchón de pieles.
Miré hacia abajo.
Mi vientre se alzaba como una montaña bajo la sábana de lino. Ayer era una curva pronunciada de cuatro meses. Hoy... hoy parecía que estaba a punto de dar a luz.
Ocho meses. Tal vez nueve.
La piel estaba tan estirada que brillaba, casi transparente. Podía ver las venas azules y rojas pulsando furiosamente bajo la sup