Amaneció con un sabor a ceniza en la boca.
Me desperté en la cama de lujo, rodeada por el olor residual de los Inquisidores.
Marcus se había ido al amanecer, prometiendo enviar el informe favorable, con la mente nublada por mi magia y el cuerpo vacío.
Debería sentirme triunfante. Había doblegado a la Ley.
Pero mi cuerpo no estaba de acuerdo.
—¡Ugh!
Me doblé sobre el borde de la cama y vomité.
No era bilis. Era una sustancia negra, viscosa, que olía a incienso podrido.
—¡Valeria! —Mateo corrió h