Salí de la tienda de Lorenzo como una sombra.
El campamento de Sangre Negra estaba tranquilo. Demasiado tranquilo. Los centinelas roncaban en sus puestos o miraban hacia el bosque, esperando un ataque externo.
Nadie miraba hacia adentro.
Me ajusté la capa. Mi cuerpo todavía zumbaba con la energía robada al Alfa enemigo. Me sentía ligera, casi etérea.
Caminé hacia la zona trasera. Donde el olor a miedo era más fuerte.
Allí había una tienda larga, baja y maloliente. No tenía guardias de honor. So