Capítulo 36: Voyeurismo Familiar

El aire de la celda se congeló.

Rafael seguía dentro de mí. Su cuerpo grande y pesado estaba tensado, congelado en el acto de poseerme. Su respiración golpeaba mi cuello en ráfagas cortas y calientes.

Mateo seguía en la puerta. Sus ojos dorados recorrían la escena con una fascinación enfermiza.

—¿Te vas a quedar ahí mirando? —preguntó Rafael. Su voz era un gruñido bajo, peligroso, vibrando contra mi espalda.

Yo esperaba que Mateo se fuera. O que atacara. O que vomitara de asco.

Pero Mateo se cr
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