Capítulo 37: Doble Dragón

El aire en la celda era tan denso que casi se podía masticar. Olía a deseo antiguo, a tabú y a la rendición total de la moralidad.

Mateo cerró la puerta.

El sonido metálico selló nuestro destino.

Rafael estaba sentado en el borde de la cama de metal, respirando pesadamente, todavía con los pantalones a medio subir. Sus ojos dorados no se apartaban de mí.

Mateo caminó hacia nosotros. No había miedo en él, solo una determinación febril. Se quitó la camiseta, revelando un torso joven, duro y marca
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