Me quedé en la cabaña, pero mi mente no estaba allí.
Mateo dormía a mi lado, agotado por su actuación y por el placer. Pero yo estaba despierta.
Cerré los ojos y busqué el hilo negro y podrido que me unía a Damián.
Lo encontré fácil. Brillaba en la oscuridad de mi mente como una herida infectada.
Tiré de él.
Zas.
De repente, ya no estaba en la cabaña. Estaba en su habitación. Veía lo que él veía. Sentía lo que él sentía.
Damián estaba paseando de un lado a otro. Su ansiedad me golpeaba como ola