Mateo sacudió la cabeza, como si intentara despejar la niebla de deseo que empañaba sus ojos.
Dio un paso atrás, saliendo del agua, buscando tierra firme y, con ella, su cordura.
—No... esto no está bien —murmuró, pasándose una mano por la cara—. No deberías estar aquí, Valeria. Es peligroso.
—¿Peligroso? —Me reí. Fue un sonido bajo, vibrante en mi garganta—. ¿Para quién?
—Para ti —insistió él, recuperando un poco de su postura de Alpha. Enderezó los hombros, intentando parecer el protector que creía ser—.
Mi padre ha puesto precio a tu cabeza. Damián... Damián está furioso. Si te encuentran los rastreadores, te matarán.
Salí del arroyo. El agua se escurrió de mi piel, dejándome brillante bajo la luz de la mañana. Caminé hacia él despacio, sin cubrirme.
—¿Y qué vas a hacer tú, Mateo? —pregunté suavemente—. ¿Me vas a salvar?
—Tengo que llevarte al pack —dijo, aunque su voz vaciló cuando me detuve a un metro de él—. Te esconderé en las celdas viejas. Hablaré con Rafael. Le diré que está