Mateo sacudió la cabeza, como si intentara despejar la niebla de deseo que empañaba sus ojos.
Dio un paso atrás, saliendo del agua, buscando tierra firme y, con ella, su cordura.
—No... esto no está bien —murmuró, pasándose una mano por la cara—. No deberías estar aquí, Valeria. Es peligroso.
—¿Peligroso? —Me reí. Fue un sonido bajo, vibrante en mi garganta—. ¿Para quién?
—Para ti —insistió él, recuperando un poco de su postura de Alpha. Enderezó los hombros, intentando parecer el protector que