El mensajero no solo trajo noticias. Trajo pruebas.
En la mesa de piedra de la sala de curación, yacía el cadáver de una mujer joven.
Era una aldeana del norte.
Estaba desnuda, pálida como el mármol. Su piel parecía papel, pegada a los huesos. No había rigidez cadavérica. Estaba... vacía.
Víctor se ajustó las gafas nuevas con manos enguantadas.
—Desecación total —dijo, pasando un bisturí por el brazo de la chica. No salió nada—. Ni una gota de plasma. Ni linfa. La han drenado con una eficiencia