La oferta de Valerius flotaba en el aire gélido del salón de baile.
Inmortalidad. Juventud eterna. A cambio de mi hijo.
Cualquier otra madre habría escupido en su cara. Yo sonreí.
—Es una oferta tentadora, Lord Valerius —dije, acariciando la solapa de terciopelo de su traje—. Pero necesito entender el valor de la mercancía.
Valerius arqueó una ceja pálida.
—¿La mercancía?
—Kael. ¿Por qué lo quieres tanto? ¿Es solo por su magia? ¿O hay algo más?
Valerius se relajó. Creyó que estaba negociando el