La base militar era un búnker de hormigón gris bajo la lluvia ácida.
Víctor había escapado, dejando una brecha en la seguridad. Una puerta abierta por la que yo pensaba entrar.
Caminé hacia la entrada principal.
No llevaba armas. No llevaba armadura.
Llevaba una capa blanca que brillaba en la oscuridad, robada del armario de invierno de Magnus.
—¡Alto! —gritó una voz amplificada por megáfonos—. ¡Identifíquese!
Luces de búsqueda me cegaron. Focos halógenos de mil vatios. Puntos láser rojos baila