La grieta verde en el cielo no se cerró. Se expandió.
Del vacío, no salió un ejército. Salió una sola mujer.
Flotó hacia el balcón del castillo, descendiendo como una pluma de plomo. Sus pies descalzos tocaron la piedra negra sin hacer ruido.
Era hermosa. De una belleza dolorosa y antigua.
Tenía la piel de alabastro, el cabello rojo como sangre fresca que flotaba a su alrededor sin viento, y unos ojos...
Sus ojos eran idénticos a los míos. Verdes. Con la pupila vertical.
Pero en los suyos no ha