El dolor me golpeó como un martillo invisible.
No me tocaron a mí.
Lilith, flotando en el vacío sobre el castillo, chasqueó los dedos.
Abajo, en el balcón, Víctor se dobló por la mitad, gritando como si le hubieran roto las costillas.
Al instante, sentí el crujido en mi propio pecho.
—¡AGGGHH! —grité, cayendo de rodillas.
El aire salió de mis pulmones. Sabía a sangre.
—¡Valeria! —Mateo corrió hacia mí.
Pero antes de que pudiera llegar, Lilith hizo otro gesto. Una fuerza invisible golpeó a Mateo