ITALIA…
Serena despertó sintiendo un fuerte dolor de cabeza y se sentó en la cama de una habitación desconocida, mirando a su alrededor.
—¿Dónde estoy?—
Serena se levantó de la cama y fue hasta la puerta, pero al intentar abrirla notó que estaba cerrada con llave.
—¡Hey!— Serena comenzó a golpear la puerta, que se abrió poco después por un hombre alto y de aspecto poco amistoso.
Serena dio dos pasos hacia atrás.
—¿Dónde… dónde está Antônio?—
—Acompáñeme— dijo el hombre, con su inglés mal pronunciado y su acento italiano marcado.
Con recelo, pero sin otra opción, Serena siguió al hombre por los pasillos de la mansión, que tenía una decoración antigua con toques modernos. Bajó las escaleras junto al guardia, que continuó guiándola hasta un gran y lujoso salón donde había una enorme mesa de banquete, puesta solo en un extremo, donde Antônio estaba sentado.
—Serena, despertaste— dijo Antônio con una amplia sonrisa, acercándose a ella y dándole dos besos en las mejillas.
—Tienes el sueño p