Dominic y sus hombres entraron en el atelier de Serena llamando la atención, y caminaron directamente hacia la oficina de Serena.
–Señor, no puede entrar así sin autorización– la secretaria se puso delante de Dominic, quien solo le lanzó una mirada, y la joven se apartó.
Dominic abrió la puerta de la oficina con su brazo sano y vio la sala completamente vacía; enseguida se volvió hacia la secretaria.
–¿Dónde está ella?– preguntó casi con un gruñido, intimidando a la mujer.
–Y-yo no lo sé, la señora Serena no apareció hoy–
–¡Entonces averigua dónde está ahora mismo!– Dominic golpeó la mano contra el escritorio de la joven, que se encogió.
–¿Qué está pasando aquí?– preguntó Sindy al pasar entre todos aquellos hombres, y sus ojos se detuvieron en el hombre con el brazo en cabestrillo.
–¿Dominic? ¿Qué haces aquí? ¿No se suponía que estabas en el hospital?–
Dominic se acercó a Sindy. –¿Dónde está Serena? Por favor dime que sabes dónde está–
Sindy apartó la mirada, recordando la petición de