El cielo todavía estaba teñido de un gris-azulado cuando Kael y Tommy abandonaron los límites del territorio. El bosque parecía silencioso, como si presentiera la importancia de ese día. El jet privado los esperaba en el claro reforzado con hormigón, lejos de ojos humanos. Pilotos entrenados por y para lobos preparaban los motores, y en cuanto ambos subieron a bordo, la aeronave ascendió con rapidez, rompiendo las nubes al instante.
El viaje fue breve, silencioso. Kael habló poco; mantenía la m