El suave sonido de la lluvia había cesado, quedando solo el crepitar distante de las brasas apagándose en la fogata improvisada. El calor aún flotaba en la cueva, tibio y reconfortante, pero la ausencia a su lado hizo que Lyra abriera los ojos de golpe. Su brazo tanteó instintivamente el espacio donde antes estaba el cuerpo de River.
Vacío.
Había dormido a su lado, abrazándolo, intentando darle calor, intentando asegurarse de que no desapareciera en la noche.
Lyra se incorporó despacio, procura