—No voy a obligarte a nada —dijo él, con la voz ronca y baja—. Pero quiero que sepas que, para mí, sería un honor poder ser tu compañero. No solo por instinto o por destino… sino porque yo quiero. Porque te elijo a ti, y porque estoy listo, Lyra, para amarte, para cuidarte, para ser todo lo que necesites… si me lo permites.
La respiración de ella se entrecortó un instante, pero no dijo nada.
Y tampoco se apartó.
La respuesta no vino en palabras.
Vino en la mirada intensa de Lyra, que se mantu