Lyra estaba agachada junto a River, su cuerpo aún cubierto de sudor, la respiración irregular. Las heridas se cerraban despacio, pero el olor a plata aún impregnaba el aire, mezclado con la hierba amarga que ella acababa de frotar sobre las cicatrices.
—¿Va a estar bien? —susurró Lyra, más para sí que para las otras.
—Sí —respondió Colin, sentándose a un lado con un paño limpio—. La fiebre es reacción de la plata, pero su cuerpo está luchando. Es fuerte, nunca vi a un lycan resistir tanto, no