Lyra despertó con el suave canto de los pájaros a lo lejos y una brisa fría acariciándole el rostro. Tardó algunos segundos en abrir los ojos por completo, como si aún estuviera atrapada entre el sueño y la realidad. El cuerpo le dolía en puntos específicos: hombros, espalda, piernas… pero, de forma extraña, el dolor agudo que le quemaba la piel la noche anterior había desaparecido.
Respiró hondo, sintiendo el aire húmedo del bosque llenar sus pulmones. Estaba cálida, cómoda.
Se movió levemente