El sol apenas se había levantado en el horizonte cuando Lyra despertó con el sonido de los pájaros y el olor a tierra húmeda. Las hojas sobre ella filtraban la tenue luz de la mañana, creando haces dorados que danzaban al ritmo de la brisa. River ya estaba de pie, en silencio, terminando de apagar la fogata y levantar el pequeño campamento.
—¿Dormiste bien? —preguntó ella, estirándose mientras recogía el cabello en un moño flojo.
River solo asintió con la cabeza, los ojos claros desviándose de