Capítulo 25

Tensó su cuerpo, observándola tan sorprendido como ella lo miraba incrédula; sus ojos, más abiertos de lo normal, le preguntaban acusadoramente qué diablos hacía allí. Se limitó a esbozar una sonrisa rápida y, haciendo un gesto hacia las personas que acababan de entrar, se llevó un dedo a los labios, advirtiéndole que guardara silencio, mientras quitaba la mano con la que había estado cubriéndole la boca. Ella bajo la daga, sin dejar de mirarlo con desconfianza, y ambos se mantuvieron inmóvil

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