Capítulo 67

La mujer dejó de quejarse y pareció convertirse en piedra tan pronto lo vio. Sus miradas se cruzaron y Amira sintió tanto celos como alivio de quedar fuera de la situación. Lizan, sin dejar de mirarlo impactada y aún sosteniéndose instintivamente la mano rota, se puso de pie. El silencio que los cubrió a los dos, y sólo a ellos dos, la hizo sentirse aún más excluida. Ella era sólo un espectador en una escena que no le concernía y, de pronto, se sintió fuera de lugar observándolos como lo esta

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