Mundo ficciónIniciar sesiónGianna es la asistente del señor Dixon, hasta que, en un viaje de trabajo, su jefe es drogado con afrodisiaco y él la besa con pasión, luego de eso, Gianna es despedida sin explicación. Gianna necesita un trabajo urgente porque de ella depende el tratamiento médico de su hermanito enfermo, su novio promete ayudarla y la envía a firmar un contrato a una suite de un hotel, lo que Gianna no espera es que su novio la vendió por una noche a un hombre que resulta ser el CEO Dixon, el mismo jefe que la despidió. Pero, Kyllian Dixon tiene una propuesta inesperada para ella, ser su esposa trofeo por un año a cambio de salvar la salud de su hermanito. Gianna pensaba que su jefe la odia, pero ahora descubrirá que ella es la obsesión irresistible del CEO.
Leer másPOV Gianna
¡Besé a mi jefe!
¿Besé a mi jefe? ¡Dios mío! Apenas puedo creerlo. Lo que acaba de pasar es algo que jamás imaginé que sucedería, y, sin embargo, allí estaba yo, con los labios todavía ardiendo por el contacto, recordando el calor de su boca sobre la mía. ¡Yo besé al imponente señor Kyllian Dixon!
Soy su asistente número dos; la primera asistente estaba de vacaciones, y por una coincidencia que parecía malévola, tuve que asumir su lugar para acompañarlo en este viaje de negocios a Costa Azul.
Un viaje que debía ser simple: hospedarme en un hotel de lujo, acompañarlo a la sede de Dixon aquí, luego asistir a una cena de negocios, verificar las firmas de un contrato y mantener conversaciones estrictamente profesionales, comiendo en silencio, hablando solo cuando era necesario.
Luego, regresar a la habitación, dormir, tomar el avión de vuelta a la ciudad y finalmente cobrar mi sueldo.
Todo parecía tan sencillo… entonces, ¿cómo demonios terminé metida en este lío?
Todo ocurrió después de la cena de negocios.
Volvimos al hotel, y yo, agotada por el día y por mantenerme impecable frente a su seriedad casi aterradora, me dirigí a mi habitación.
Trabajar con el señor Dixon nunca había sido divertido; su carácter era frío y exigente, su voz podía intimidar incluso a los hombres más seguros.
Había escuchado cómo gritaba a sus socios con tal intensidad que me recordó a un lobo acechando ciervos.
Y aun así… aun así, por más rígido y severo que fuese, había algo en él tan atractivo, ya sea por su rostro perfecto o por su buen cuerpo, pero todas las mujeres caían ante él como moscas en la miel.
Me quité el vestido de la cena y me puse uno de dormir, ajusté la alarma y me dejé caer sobre la cama.
El sueño llegó casi de inmediato, y por unos instantes me sentí en paz. Pero entonces, el sonido de mi móvil me sobresaltó, arrancándome de la tranquilidad como si me hubieran tirado a un abismo.
Respondí al instante:
—¿Hola?
—Señorita Monroy, ¡drogaron a nuestros jefes con afrodisiaco! Debe ir con el señor Dixon, en la cena alguien manipuló sus copas.
Mi corazón se detuvo. Esa era la asistente del socio del señor Dixon.
—¿Qué…?
—Ya envié a mi jefe al hospital, llamé a un médico para atender a su jefe.
Mis manos comenzaron a temblar; la idea de que el señor Dixon estuviera drogado… con un afrodisiaco, no dejaba de hacer que un calor extraño subiera por mi cuerpo.
Respiré hondo, llamé a recepción y pedí un médico urgente.
—Estará aquí en quince minutos —me aseguraron.
Colgué y, sin pensarlo demasiado, salí de mi habitación temblando, con los pasos entrecortados, deseando que todo esto no fuera más que una pesadilla.
Toqué la puerta de su habitación una y otra vez, y con la tarjeta de reemplazo, finalmente abrí.
Cerré la puerta detrás de mí y me encontré con él: recién bañado, la toalla anudada apenas a la altura de la cintura, su cuerpo como esculpido en mármol.
Los hombros anchos, la cintura estrecha, abdominales marcados y tatuajes insinuantes que recorrían su pecho.
Su pelo mojado goteaba sobre su frente, y sus ojos oscuros me atravesaban, llenos de intensidad, de fuego contenido, de deseo y autoridad al mismo tiempo.
—¡Señor Dixon… le han drogado! —exclamé, tratando de recuperar el control sobre mi voz temblorosa.
Pero él no parecía escucharme.
Sus ojos me devoraban, y antes de que pudiera reaccionar, se lanzó hacia mí.
Caímos sobre la cama, él encima de mí, y sentí cómo el aire me faltaba por la presión de su cuerpo.
Intenté apartarlo con fuerza, pero él tomó mis manos y las sostuvo sobre mi cabeza, mientras sus labios buscaban los míos con una pasión abrumadora, con ardor animal.
Lo mordí, un impulso desesperado de defensa, y sentí cómo gruñía, como un lobo enfrentando resistencia.
Lo empujé con todas mis fuerzas y le di una bofetada, y aun así, sus ojos no mostraban enojo, sino sorpresa y un hambre que me helaba, no podía controlarlo, ¿Acaso él sabía que su simple asistente estaba haciendo acorralada en una cama por su cuerpo?
—¿Te niegas a aliviarme, Gianna? —susurró, con sus manos fuertes apretando mi cintura, acercándome más a él. Su perfume, su calor, todo lo hacía irresistible. —Bésame… ¡es una orden!
Por un instante, perdí toda noción de mí misma.
Su cercanía, la firmeza de su cuerpo, el roce de sus labios contra los míos me hizo olvidar todo lo demás: mi trabajo, mi posición, incluso mi propio nombre.
Y entonces sus labios tocaron los míos de nuevo, y esta vez no hubo resistencia.
Nuestros besos se hicieron voraces, sus lenguas explorando con hambre la mía, y yo me abandoné a la sensación, perdiendo cualquier control.
Un pensamiento irracional cruzó mi mente: yo tenía novio.
¿Qué diablos estaba haciendo?
Pero en cuanto traté de apartarlo, su abrazo se intensificó, sus manos recorrieron mi espalda con firmeza, y su boca abandonó mis labios y mordió suavemente mi lóbulo de mi oído, un gesto posesivo y perturbadoramente sensual al mismo tiempo.
—Gianna… no puedes escapar de mí. Tengo mis ojos en ti —susurró, y mi cuerpo se estremeció, atrapado en su dominio.
En ese momento, un golpe en la puerta me salvó.
Pude separarme, respirando con dificultad, con las mejillas ardiendo y el corazón latiendo desbocado.
Abrí la puerta y vi al médico, pero supe que lo que pasó me abrió una puerta directo al infierno.
POV KatelynEntré al cuarto de baño del hospital intentando mantener la calma.Mis manos temblaban ligeramente mientras cerraba la puerta detrás de mí.Necesitaba alejarme unos minutos de todos, respirar y ordenar mis pensamientos. Habían sido días demasiado intensos, llenos de mentiras, traiciones y verdades ocultas que poco a poco comenzaban a salir a la luz.Pero lo que nadie sabía era que yo ya tenía una pieza importante del rompecabezas.Saqué mi teléfono del bolsillo y abrí la aplicación donde se estaba guardando la grabación.Mi corazón comenzó a latir con fuerza al escuchar nuevamente las voces.Había dejado una cámara grabando en el lugar correcto. No porque hubiera planeado hacerlo desde el principio, sino porque algo dentro de mí me decía que no podía confiar ciegamente en las personas que estaban intentando destruir a James.Y había hecho bien.Mis ojos se quedaron fijos en la pantalla mientras veía cómo cada palabra quedaba registrada.Cada mentira.Cada manipulación.Cad
POV BriciaEsperaba encontrarme con cualquiera cuando abrí aquella puerta.Con un médico. Con una enfermera.Pero jamás...Jamás imaginé encontrarme frente a frente con Katelyn.Mi corazón dio un vuelco.Durante un segundo fui incapaz de moverme.Ella seguía allí, de pie junto a la cama de mi madre.Mirándome como si quisiera atravesarme con los ojos.Sentí un escalofrío recorrer mi espalda.No.Ella no debía estar allí.No debía hablar con mi madre.No ahora.No cuando todo estaba a punto de derrumbarse.—¡Lárgate de aquí! —grité, incapaz de contenerme—. ¡¿Qué demonios haces con mi madre?! ¡Solo intentas manipularla!Katelyn no retrocedió.Ni siquiera parpadeó.Su mirada era fría.Tan fría que, por un instante, me hizo sentir un miedo que jamás admitiría.Comenzó a caminar lentamente hacia mí.Cada paso parecía aumentar la presión sobre mi pecho.—¿Manipularla?Su voz sonó sorprendentemente tranquila.Demasiado tranquila.—Qué curioso que hables de manipulación cuando la única persona
POV KatelynDi un paso hacia ella.La habitación permanecía en silencio, tan silenciosa que podía escuchar el sonido irregular de su respiración y el leve pitido de los monitores que vigilaban sus signos vitales.La observé con detenimiento.Su rostro estaba pálido.Sus ojos, enrojecidos por el llanto, apenas podían sostener mi mirada.Por un instante...Solo por un instante...Sentí compasión.La mujer que tenía frente a mí parecía completamente destrozada.Parecía una madre que acababa de recuperar a una hija perdida.Pero aquella sensación desapareció casi de inmediato.Las palabras de Antonio seguían retumbando en mi cabeza.Las mentiras.Los secretos.Todo aquello había destruido la vida de demasiadas personas.Pero Si Patricia había participado en destruir a James...Jamás podría perdonarla.Ella rompió en llanto.Las lágrimas comenzaron a correr sin control por sus mejillas.—Hija... por favor...Su voz era apenas un susurro.—No me odies.La miré fijamente.No sabía qué respond
POV KATELYNDecidí no contarle a nadie lo que había escuchado.Al menos, no por ahora.Guardé aquel secreto dentro de mí, como si al pronunciarlo en voz alta todo pudiera empeorar todavía más. Antonio y Bricia estaban tramando algo, de eso estaba completamente segura, pero no tenía pruebas.Si hablaba antes de tiempo, solo conseguiría preocupar a mi familia... y darle ventaja a quienes ya habían demostrado ser capaces de cualquier cosa.No.Primero necesitaba averiguar qué estaban haciendo.Después actuaría.Respiré hondo para intentar calmar los latidos descontrolados de mi corazón.Fue entonces cuando mi madre salió de la comisaría buscándome.Su expresión seguía marcada por el cansancio y el remordimiento, pero al verme se acercó enseguida.—Hablé con tu doctora —me dijo con suavidad—. Puede recibirte ahora mismo.Instintivamente llevé una mano a mi vientre.Todo el estrés de las últimas horas me tenía aterrada.Mi presión seguramente estaba por las nubes.Lo único que me importaba
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