Mundo de ficçãoIniciar sessão-¡Su majestad!- exclamó, sorprendido, el mismo guardia que había estado a punto de hacerlo a un lado antes de reconocerlo.
La ciudad era un caos en cada esquina, en cada calle; tras las murallas, la cantidad de gente que se amontonaba era cada vez mayor y, quienes ya estaban dentro, buscaban cercar la entrada al castillo. Paralelo a lo ocurrido en las minas, algo similar debía haber sucedido en la ciudad, que era cada vez menos ciudad y que comenzaba a parece







