Mundo ficciónIniciar sesiónEthan Walker siempre ha tenido claro su objetivo: convertirse en el capitán del equipo de hockey y darle a su madre la vida que merece. Lo último que necesita es lidiar con Liam Carter, el arrogante y provocador hijo del mayor benefactor de la universidad. Entre discusiones, rivalidad y miradas cargadas de tensión, ambos terminan encerrados en un vestidor… y un beso accidental cambia absolutamente todo. Ahora Ethan deberá enfrentarse a sentimientos que jamás imaginó tener, mientras Liam parece decidido a derribar cada muro que él construyó alrededor de su corazón. Pero cuando descubren que están a punto de convertirse en familia y compartir la misma casa, ignorarse deja de ser una opción. Porque algunas reglas están hechas para romperse… incluso las del hielo.
Leer másEl sonido de las cuchillas contra el hielo resonaba con fuerza en toda la pista.
Los jugadores corrían de un lado a otro mientras los gritos del entrenador retumbaban en el estadio universitario. El sudor, la respiración agitada y la tensión eran parte del ambiente habitual de los entrenamientos de los Wolves. Pero aquella mañana había algo peor que el cansancio. Liam Carter. O mejor dicho… El idiota insufrible que acababa de chocarlo contra el vidrio de la pista. —¿Qué demonios te pasa? —gruñó Ethan quitándose el casco de golpe. Una sonrisa arrogante apareció en el rostro de Liam Carter. —¿Yo? Nada. Tal vez eres demasiado lento, Walker. Las risas de algunos compañeros no tardaron en escucharse. Ethan apretó la mandíbula. Odiaba esa sonrisa. Odiaba la forma en que Liam siempre parecía disfrutar molestándolo. Odiaba cómo todos lo admiraban solo por ser “el hijo del benefactor”. Y más que nada, odiaba que incluso despeinado y sudando se viera ridículamente atractivo. —Vuelve a empujarme y te rompo la cara —espetó Ethan. Liam se acercó lentamente hasta quedar frente a él. Demasiado cerca. —Me encantaría ver eso. El entrenador soltó un silbatazo tan fuerte que ambos se separaron inmediatamente. —¡¿PUEDEN DEJAR DE ACTUAR COMO NIÑOS POR CINCO MALDITOS MINUTOS?! El silencio cayó sobre la pista. El entrenador Harrison respiró profundamente, claramente intentando no perder la poca paciencia que le quedaba. —Llevan semanas arruinando los entrenamientos. Si no están peleando, se están provocando. ¡El equipo está harto! Ethan rodó los ojos. Liam sonrió como si aquello fuera divertido. Error. Grave error. Porque Harrison terminó explotando. —Perfecto. Ya me cansé de ustedes dos. Cuando termine el entrenamiento se quedarán limpiando el vestidor. Solos. Ethan abrió la boca. —¿Qué? —Escuchaste bien, Walker. Y no saldrán hasta dejar ese lugar impecable. Liam soltó una carcajada baja. —Suena divertido. —Para ti todo es divertido, Carter —masculló Ethan. Y eso solo hizo que Liam sonriera más. Una hora después, Ethan estaba lanzando guantes sudados dentro de una caja mientras murmuraba insultos por lo bajo. El vestidor olía a sudor, desinfectante y frustración acumulada. Liam, en cambio, parecía completamente relajado. Demasiado relajado. —¿Siempre haces esa cara de pocos amigos o solo cuando estás conmigo? —preguntó mientras giraba un palo de hockey entre sus manos. Ethan ni siquiera lo miró. —Cállate y limpia. —Qué mandón. Un golpe suave impactó en la espalda de Ethan. Volteó inmediatamente. —¿Me lanzaste una cinta? Liam levantó las manos fingiendo inocencia. —Ups. Ethan respiró profundo. No iba a caer en su juego. No iba a hacerlo. Cinco segundos después, otra cinta golpeó su cabeza. —Te voy a matar. Liam soltó una risa. —Relájate, princesa. Eso fue suficiente. Ethan caminó hacia él furioso y lo empujó del pecho. —¿Cuál es tu maldito problema conmigo? Liam sostuvo su mirada sin borrar la sonrisa. —No tengo ningún problema contigo. —Entonces deja de actuar como un imbécil. —¿Y perder la única forma divertida de llamar tu atención? Ethan frunció el ceño. Por un segundo… solo un segundo… sintió que esa frase había sonado diferente. Más personal. Pero antes de pensar demasiado en ello, Liam volvió a empujarlo. Y Ethan perdió completamente la paciencia. Ambos comenzaron a forcejear entre insultos y empujones. Chocaron contra las bancas, tiraron varias cajas y terminaron tropezando de manera ridícula. El mundo pareció detenerse cuando cayeron al suelo. Ethan quedó encima de Liam. Sus respiraciones estaban agitadas. Sus rostros demasiado cerca. Y entonces pasó. Sus labios chocaron accidentalmente. Fue un roce breve. Confuso. Caliente. Pero antes de que Ethan pudiera reaccionar, sintió una mano sujetando su nuca. Liam. Liam lo estaba besando de verdad. Los ojos de Ethan se abrieron de golpe. El beso se volvió más profundo durante apenas unos segundos, pero suficientes para que algo extraño explotara dentro de su pecho. Algo peligroso. Cuando finalmente reaccionó, se apartó bruscamente. —¡¿Qué demonios haces?! —gritó levantándose del suelo. Liam seguía acostado, respirando agitado. Y sonriendo. —Besarte. —¡Yo no soy gay! Por primera vez, la sonrisa de Liam vaciló apenas un poco. Pero antes de que pudiera responder, todas las luces del vestidor se apagaron. El lugar quedó completamente oscuro. —Genial… —murmuró Ethan. —Creo que el destino está de mi lado —dijo Liam divertido. —Cállate. El ambiente comenzó a calentarse rápidamente sin ventilación. Ethan podía escuchar perfectamente la respiración de Liam en medio de la oscuridad. Y eso lo ponía extrañamente nervioso.Liam cargó a Ethan fuera del baño, sin importarles que ambos seguían goteando agua y empapando la alfombra cara de la habitación. Ethan todavía se sentía mareado, con el corazón martilleando contra sus costillas y los labios hinchados por la intensidad de lo que acababa de pasar bajo la ducha.Al llegar a la cama, Liam no lo depositó con delicadeza; lo soltó sobre el edredón con una fuerza que hizo que Ethan rebotara contra el colchón, una declaración clara de que el momento no había terminado. Antes de que Ethan pudiera recuperar el aire, Liam ya estaba encima de él, atrapando sus muñecas a los lados de su cabeza y hundiéndose en el hueco de su cuello.—No te vas a mover de aquí —le ordenó Liam, con la voz más ronca de lo normal, dejando besos húmedos y marcados por toda su mandíbula.Ethan arqueó la espalda, buscando de nuevo ese contacto eléctrico. Sus piernas se enredaron con las de Liam de forma instintiva, buscando ese calor que lo hacía olvidar que allá afuera, en el mundo real
El rugido del motor del Porsche se apagó al entrar en el garaje de la mansión, pero el silencio que lo siguió fue mucho más pesado. La casa estaba desierta; los padres seguían sumergidos en sus mundos de negocios y apariencias, ajenos al incendio que acababa de estallar en la universidad.Ethan bajó del auto como un autómata. Sus pasos dejaron un rastro de chocolate seco y agua sobre el mármol impoluto de la entrada, una mancha que gritaba que no pertenecía allí. Subió las escaleras a zancadas, huyendo del reflejo de su propia miseria en los espejos dorados del pasillo, y se encerró en la suite.Se dejó caer en el borde de la cama, hundiendo la cara en sus manos. Quería desaparecer, arrancarse la piel que aún olía a batido barato y a humillación. Pero no estaba solo. El sonido de la puerta cerrándose con llave y el "click" del seguro lo obligaron a levantar la vista.Liam estaba allí, de pie frente a la puerta, con la respiración pesada y los ojos encendidos. Se había quitado la camis
Liam no se detuvo. Cada paso que daba hacia Chloe hacía que el pasillo se sintiera más pequeño, más asfixiante. Los estudiantes contenían el aliento, con los teléfonos aún en alto, grabando el colapso del orden jerárquico de la universidad.—Liam, por favor —dijo Chloe, recuperando la compostura con una velocidad asombrosa y cruzándose de brazos—. No seas ridículo. Mira cómo está. Solo le hice un favor; ese color chocolate le queda mejor que cualquier cosa que haya traído de los suburbios.Liam se detuvo a centímetros de ella. La diferencia de altura era intimidante, pero Chloe no bajó la mirada.—¿Te parece divertido, Chloe? —la voz de Liam era un rugido contenido—. Lo humillaste frente a todos. Le escondiste la ropa. Lo dejaste así —señaló a Ethan, que seguía encogido y empapado, con la mirada perdida en el suelo.—¡Lo hice por ti! —gritó ella, y esta vez su voz resonó en todo el pasillo—. ¡Por nosotros! Ese chico es un parásito que se metió en tu casa para robarte lo que es tuyo. T
Los murmullos se detuvieron en seco cuando el sonido rítmico de unos tacones caros resonó contra el suelo de granito.Chloe Vanderbuilt, la capitana del equipo de porristas y la única persona en la universidad con un apellido tan pesado como el de los Carter, se abrió paso entre la multitud. Su mirada, usualmente gélida y perfecta, estaba encendida por una furia mal contenida. Se detuvo a escasos centímetros de Ethan, obligándolo a retroceder contra los casilleros metálicos.—¿Hermanastro? —espetó Chloe, soltando una risa seca que no tenía nada de gracia—. Por favor, Ethan. No sabía que tu madre era tan... eficiente escalando posiciones sociales.Ethan sintió que la sangre le hervía. Podía tolerar que se metieran con él, pero no con su madre.—Ten cuidado con lo que dices, Chloe —advirtió Ethan, bajando la voz, lo cual lo hacía sonar mucho más peligroso.—¿O qué? ¿Vas a ir a llorarle a Robert? —Chloe dio un paso más, invadiendo su espacio personal—. Llevo años al lado de Liam. Conozco





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