Liam cargó a Ethan fuera del baño, sin importarles que ambos seguían goteando agua y empapando la alfombra cara de la habitación. Ethan todavía se sentía mareado, con el corazón martilleando contra sus costillas y los labios hinchados por la intensidad de lo que acababa de pasar bajo la ducha.
Al llegar a la cama, Liam no lo depositó con delicadeza; lo soltó sobre el edredón con una fuerza que hizo que Ethan rebotara contra el colchón, una declaración clara de que el momento no había terminado.