No recuerdo el trayecto de regreso. Si me pasé algún semáforo en rojo o si excedí el límite de velocidad por las estrechas calles de Roma, no me importó. Mi mente estaba sintonizada en una sola frecuencia: el apartamento de Adriana Summers y la mujer que me esperaba adentro usando mi ropa.
Aparqué el deportivo en la calle, bloqueando parcialmente la entrada de un callejón sin que me importara un demonio si me multaban. Caminé hacia el edificio con grandes zancadas. El conserje, al verme entrar