Mundo ficciónIniciar sesiónLa bofetada no fue un golpe limpio; fue el impacto descontrolado de un animal herido. La mano de Arturo cruzó el rostro de Daisy con la fuerza de un latigazo, enviándola al suelo junto con la silla de cuero, que volcó con un crujido sordo contra la alfombra persa.
El dolor estalló en su mejilla, agudo y cegador, y el sabor metálico de la sangre llenó su boca al instante. Su labio inferior se había partido contra sus propios dientes. Por







