El domingo por la mañana, el cielo sobre Madrid amaneció de un gris plomizo, amenazando con una tormenta primaveral que encajaba perfectamente con la opresión perpetua de la mansión. Sin embargo, en el interior de Daisy, el clima era muy distinto. Había amanecido con una claridad mental fría, afilada y deslumbrante.
Lo primero que hizo al despertar, antes incluso de que Elena llamara a la puerta, fue asegurar su botín. El viejo teléfono Android y el USB estaban escondidos en el estuche de cepil