[Adriana]
Desperté antes de que el sol lograra asomarse por el horizonte.
La habitación del penthouse seguía sumida en tonos grises y azulados, cortesía de la ciudad que dormía debajo de nosotros. Me removí entre las sábanas de seda negra, sintiendo un dolor sordo pero absolutamente delicioso en los muslos y en la espalda baja. Una sonrisa perezosa se dibujó en mis labios. No había sido un sueño.
Giró el rostro sobre la almohada, buscando el calor de su cuerpo.
Alan no estaba dormido. Estaba se