[Adriana]
El olor a antiséptico y café quemado de la sala de descanso del Hospital Central me golpeó las fosas nasales, pero por primera vez en mi vida, no logró borrarme la sonrisa.
Me apoyé contra las frías taquillas de metal, cerrando los ojos por un instante. Mi cuerpo entero era un mapa de dolor sordo y un agotamiento exquisito. Cada vez que me movía, la fricción de mi uniforme clínico contra mi piel me enviaba pequeños y traicioneros choques de placer directo al bajo vientre. Mi mente, re